Estando en la biblioteca durante una de esas largas tardes de estudio y sofoco mental, decidí que era buen momento para desconectar ligeramente de mis tareas y buscar un libro algo diferente a lo que estaba leyendo. Desintoxicación literaria lo llaman algunos. El resultado lo estáis leyendo ahora mismo. La verdad es que no cogí el libro de Hermida por nada en concreto, más allá de lo comentado. Ya desde bachillerato, sobre todo tras asistir a aquella asignatura de psicología (bastante útil, por cierto), tenía ganas de leer algo sobre comunicación no verbal (Flora Davis es la autora que recuerdo de aquellas clases). Sin embargo, ahí habían quedado todas mis ganas: reposando. Curiosamente (en realidad, no tanto), tuvo que ser en otro momento de dejadez cuando la idea volvió a mi mente. La procrastinación que se muerde la cola.
Entrando ya en materia, debo decir que fue comenzar el libro y no poder dejarlo hasta acabarlo. Al margen de exponer de manera clara y amena una serie de conceptos básicos pero interesante sobre psicología y comportamiento humano, la administración de la información y los ilustrativos ejemplos no hacen sino agilizar la lectura sobremanera y dar la sensación de estar leyendo por momentos ficción. Y pese a no ahondarse tanto como me gustaría en determinados aspectos, no puedo menos que recomendar su lectura, especialmente para hacerse una primera imagen sobre este apasionante campo de conocimiento; porque otra cosa no, pero la obra de Hermida funciona a la perfección como introducción a la disciplina. Así, entre otras y diversas cosas, descubrirás cómo conseguir la máxima atención de tu interlocutor (mirándole a determinados puntos del rostro), cómo cortar a los pesados que no se callan ni debajo del agua, cómo combatir a los listillos que te dan la mano de manera "muy suya" y, en definitiva, cómo interpretar toda una serie de gestos y movimientos que todos nosotros realizamos de manera involuntaria y que, cómo no, claro, comunican acerca de nuestro humor y comportamiento general. Especialmente recomendado para aquellos que estén dispuestos a observar.
Y es curioso cómo en una sociedad como la nuestra, tan cosmopolita y abocada al contacto humano, lo poco o nada que en realidad nos fijamos en el prójimo. Simplemente planteándonos un mero viaje en el metro, podemos comprobar cómo en apenas unas horas nos cruzamos con un número de personas tan alto como ignorado. En cierto modo, tanto contacto humano (superficial, lógicamente, puesto que no nos paramos a hablar y abrazar a cada persona con la que nos cruzamos) puede provocar precisamente una reacción contraria, de autodefensa a modo de coraza ante tal saturación de miradas desconocidas y furtivas. Sin embargo, como Hermida apunta, al tomar esta postura estamos perdiendo en cierto modo el control sobre nosotros mismos, sobre nuestro entorno y, nos guste o no, estamos poniéndonos innecesariamente en desventaja con respecto a aquellos que sí controlan todo su ser de manera adecuada.
Aquí tenéis la página web de José Hermida, por si os apetece bucear un poco. Y en Daily Motion parece que hay algunos videos ilustrativos sobre sus tesis:
Vídeo 1
Vídeo 2
Vídeo 3