Ver para creer. Vaya por delante que no soy el mayor seguidor del mundo en lo que a la Marvel y sus superhéroes se refiere. A lo largo de su trayectoria, y en colaboración con diversos estudios, han intercalado filmes más o menos estimables (véase Spiderman 2 -2004-, Iron Man -2008- o Capitán América: El primer vengador -Captain America: The First Avenger, 2011-), con otros más insulsos (Los cuatro fantásticos -Fantastic Four, 2005-, Hulk -The Hulk, 2003-) o directamente fallidos (Daredevil -2003-, Los cuatro fantásticos y Silver Surfer -Fantastic Four 2: Rise of the Silver Surfer, 2007-, Spiderman 3 -2007-...) No obstante, y pese a este irregular historial, valoro muy positivamente la actividad de este sello editorial (establecido como productora de cine en el año 2005, y comprada hace apenas un par de años por la Disney a cambio de nada menos que 4.000 millones de dólares; un negocio, me atrevo a calificar, como redondo para ambas partes -similar al de Pixar años atrás-), pues es uno de los pocos que hace por entero cine de género, de acción para más señas, pese a los comentados pobres resultados en no pocos casos y su vocación ultracomercial, que por desgracia aleja a sus producciones de muchos lugares en los que sería interesante verlas.
Los vengadores es el primer filme de la Marvel tras su compra por Disney, y los resultados no han podido ser mejores. Sabedores de que tenían entre manos un producto ganador, no han dudado en cuidarlo hasta la extenuación. Tanto, que nos encontramos ante un perfecto manual sobre cómo construir un blockbuster. Y pese a que todavía están por verse sus resultados en taquilla, todo hace prever una recaudación estelar. Su sólida campaña de marketing, la enorme expectación generada a su alrededor y las unánimes críticas positivas que la prensa especializada lleva semanas despachando, no dejan demasiado lugar a la incertidumbre en este sentido. Además, ya se sabe que en tiempos de crisis las cintas de catástrofes siempre funcionan bien como catalizador del sentimiento colectivo. Pues bien: he aquí el producto perfecto, estrenado en el mejor momento posible.
Se trata de una de esas producciones en las que uno es capaz de percibir el mimo que todos los responsables han depositado en cada uno de sus fotogramas. En Los vengadores no se ha dejado margen para el error. Su base, el extraordinario guión escrito por el propio Joss Whedon (también director), posee la precisión de un reloj suizo. Sorprende la cuidadísima cadencia narrativa y el asombroso equilibrio de que se ha dotado al tumultuoso elenco de protagonistas en la historia. Nada sobra. Cada plano está ahí porque así debe ser. Cada línea de diálogo tiene un claro objetivo, cada pausa es necesaria.
La dirección de Whedon (recordemos, famoso por ser el creador de Buffy Caza vampiros -Buffy the Vampire Slayer, 1997- y Firefly -2002-, con apenas una cinta estrenada en cines hasta este momento, Serenity -2005-) es poco menos que perfecta. La elección de un director con tan poca experiencia en el manejo de grandes presupuestos (el presupuesto de Los vengadores se ha estimado en entre 200 y 250 millones de dólares -y eso sin contar los gastos en publicidad-), se antojó desde el principio como extraña, máxime sabiendo que un proyecto de semejante envergadura podría atraer prácticamente a cualquier director que se buscara.
Sin embargo, los resultados confirman que Whedon no sólo ha dado la talla; acaba de situar su nombre en la lista de los más deseados del momento en Hollywood. Su control del ritmo narrativo es brillante (el haber sido guionista-director explica muchas cosas), pero si por algo merece ser destacado es por el asombroso trabajo de dirección. Resulta imposible sacar mayor partido a una pelícua tan visual. Las escenas de acción, mastadóntica alguna de ellas, poseen vida propia y en ningún momento se convierten en el caos que, por otro lado, era lo más fácil en que podían haberse llegado a convertir al tener a tantos personajes y tantos frentes abiertos a la vez en cada momento.
Una trama con tintes apocalípticos termina de dar la puntilla definitiva a un espectáculo de pirotecnia tan calculado, tan milimetrado en su concepción, que uno no puede menos que rendirse ante sus numerosos encantos. Los vengadores no es una obra maestra, no cambia el modelo de negocio del cine ni introduce ninguna revolución en sentido alguno; sin embargo, ha logrado algo que muy pocas veces se consigue: ser un (muy buen) blockbuster y mantener intacta su personalidad. Nos encontramos ante una delicia visual post-pulp sin parangón en los últimos años, con una trama poderosa (a la altura de la épica que se espera), un ritmo frenético y un diseño de producción fascinante. En ese contexto, el extraordinario elenco de carismáticos personajes apenas tiene que mostrarse ligeramente para elevar la categoría del producto al de pequeña joya del cine de acción contemporáneo, alcanzando cotas no vistas desde hace bastante tiempo (el Batman de Nolan es quizás el último blockbuster de superhéroes a la altura, pese a que sus objetivos y concepciones distan bastante de los de Whedon). Introduce un ligero atisbo de esperanza en un modelo de hacer cine cada vez más obtuso y caduco y en el que un servidor ya había perdido toda esperanza de encontrar nada reseñable. Dentro de su liga, Los vengadores se sitúa a la cabeza.
El blockbuster no tiene por qué ser un compendio de lugares comunes, estereotipos, carencias de guión y vacuidad. El blockbuster puede aspirar a mucho más, y Joss Whedon, la Marvel y todos los responsables de esta cinta, para regocijo del mundo, acaban de demostrarlo. Esperemos que no se trate de un acontecimiento aislado y puntual, sino que sea el punto de inflexión a partir del cual se introduzca algo de cordura en un modelo de producción que lleva años dando disgustos a los espectadores en forma de productos insatisfactorios en el mejor de los casos, cuando no directamente ofensivos. No creo que nada cambie, pero no perdamos la esperanza...
Valoración: 4/5
